miércoles, 15 de abril de 2015

La resaca del champán: China


Sin tiempo apenas para descansar, el Campeonato del Mundo de Fórmula 1 2015 ha empaquetado sus enseres y ya está aterrizando en el Golfo para la que será la primera carrera nocturna de la temporada, un Gran Premio de Baréin que se disputará bajo los focos y que, durante un fin de semana, convertirán a Sakhir en un osais de luz en mitad del desierto.

Tras lo visto en China, tengo el miedo de que hayamos llegado a un punto en el que la derrota se esté mascando sin siquiera haber empezado la temporada europea, y es que Nico Rosberg está replicando con pataletas a las palabras que su compañero de equipo pronuncia en pista cada vez que se sube a un W06 en estado de gracia y con un rendimiento directamente proporcional al de su conductor número uno.

La temporada pasada, Nico llegaba a la cuarta cita del año líder con seis puntos de ventaja sobre el de Stevenage, y aunque es cierto que esta diferencia se produjo por el abandono del británico en la carrera inaugural fruto de un problema mecánico, y que Lewis consiguió imponerse en los dos grandes premios posteriores, los números estaban ahí y, por una u otra razón, el alemán era quien miraba desde lo más alto de la tabla clasificatoria.

En las mismas fechas de 2015, la ventaja de Hamilton respecto al segundo clasificado asciende hasta los trece puntos, y respecto a Rosberg a un total de 17, pues el germano es tercero por detrás de Sebastian Vettel, único hombre que ha sido capaz de poner un mínimo paréntesis en la racha de victorias que Lewis está viviendo en estos primeros compases de año.

Sí, la temporada acaba el día 29 de noviembre y mientras escribo estas líneas las agujas del reloj acaban de dar la bienvenida al ecuador de abril, pero la tónica vista hasta ahora no resulta muy alentadora desde la perspectiva de un Rosberg nervioso, que parece no tener la baza de la clasificación -aunque se quedó a cuatro centésimas de la pole en Shanghái- y que ha cambiado el discurso desde Australia hasta China. Ambos, por cierto, que nunca han sido de mi agrado.

Y es que tras la carrera de Melbourne declaró en rueda de prensa que su compañero había conducido como un campeón y que había sido incapaz de alcanzarle, palabras que, desde mi punto de vista, un verdadero supercampeón  nunca pronunciaría aunque fuera la realidad que sintiese en lo más profundo. Y es que, con coches idénticos, las diferencias las marcan las manos y los pies, que suelen estar controladas por el cerebro, ese que también se encarga de enviar las palabras y que tiene la suficiente capacidad analítica como para saber que no es la mejor estrategia para una guerra psicológica elogiar en exceso al hombre con el que vas a intentar batirte el cobre durante nueve meses en una contienda donde las diferencias son mínimas, o así se pretende que sea.

Evidentemente, tampoco se puede ser deshonesto o faltar a la sinceridad y declarar que has sido el mejor en una carrera en la que evidentemente has estado uno o dos escalones por debajo. Pero pasar al otro lado del espectro y, poco menos que patalear porque te han sacado tarde a la clasificación y no has querido acercarte a tu compañero de equipo en carrera con el pretexto de que vas a destrozar tus ruedas, no me parece la forma  más sana de plantear una guerra psicológica que, en 2014, desestabilizó en ciertos momentos a Lewis.

Principalmente porque, en los berrinches, quien suele salir más afectado es el que los protagoniza, creando un bucle en que la propia frustración se traduce en incapacidad a la hora de desempeñar a pleno rendimiento detrás del volante, algo que desemboca en una nueva situación frustrante que te sigue lastrando, y así sucesivamente hasta que la mente es incapaz de salir de la espiral de mediocridad que se ha creado y que le ha hecho olvidar o dejar de creer que en un momento dado la superioridad estuvo de su parte y le demostró que también puede disfrutar del sabor del champán bajo ciertas condiciones.

Como piloto, Hamilton está un paso por encima de Nico Rosberg. Mentalmente, creí firmemente durante muchos momentos de 2014, especialmente en verano, que el alemán estaba por encima. No sé cuánto, pero por encima, con una cabeza  capaz de gestionar mejor los duelos extradeportivos. Pero las declaraciones posteriores al Gran Premio de China me han dejado con el baño de realidad de que el alemán, quizá, tuvo un poco de suerte la campaña anterior y que este año no está siendo capaz de gestionar, no la situación que está viviendo, pues solo llevamos tres Grandes Premios y sacar conclusiones ahora es como pegarse un tiro en el pie, sino la situación que ve que le puede venir.

Dicho esto, y quizá los que me sigan en Twitter lo habrán visto, creo que no tenemos que dar por muerto aún al germano, a pesar de lo visto en tan poco tiempo. Nico tiene este año la experiencia de ser señalado desde principio de temporada como uno de los pocos candidatos reales al título, un plus con el que el año pasado no contó y que, seguro, en algún momento le hizo pagar la novatada contra un Hamilton que ya tenía un mundial en su haber y que se ha visto en la situación de poder ganar el mundial en tres ocasiones, cuatro si contamos la de 2014.

Si se recompone y, sobre todo, acierta más que Lewis en clasificación, pienso que Rosberg aún tiene mucho que decir, y siempre entran en juego factores fuera del control de los corredores como los incidentes o sorpresas que se puedan tener durante la carrera, o bien las averías mecánicas, aunque considero que este factor no va a influir demasiado en los resultados, y es que los motores Mercedes parecen estar a prueba de bombas. Exceptuando el problema de Grosjean en Australia, ninguno de los propulsores de la marca de la estrella ha sufrido una sola avería en los tres GGPP que hemos visto.

Poco a poco nos acercamos al siguiente duelo del campeonato, poco a poco veremos si las tornas cambian en el escenario donde el año pasado presenciamos el primer cuerpo a cuerpo entre los dos coches de Brackley, batalla en la que Hamilton se llevó el gato al agua, al igual que en todos los cara a cara que ha tenido con Rosberg en 2014, algo que no deja al germano en muy buena posición a la hora de presentar sus avales al título. Esperemos que sea capaz de ir hacia la luz de Sakhir y recupere la fortaleza que el año pasado consiguió desquiciar a Lewis en Mónaco o Spa para dejar de ser el conductor con complejo de inferioridad al que le faltó poner la alfombra roja a su máximo rival en Austin.

Lewis lleva dos de tres. Pero aún quedan otros 16 asaltos, y en la familia Rosberg, el ganar por la mínima es algo conocido. Su padre lo hizo con tan solo una victoria en el 82, aunque para ello las opciones de Pironi se tuvieron que dar de bruces contra la trasera del Renault de Alain Prost en el Gran Premio de Alemania.

Nico y Lewis. Lewis y Nico. Ese fue el entretenimiento que tuvimos el año pasado. Esperemos que Rosberg recuerde lo que pasó hace unos 365 días en el asfalto que van a pisar este fin de semana y que, a pesar de haber perdido la batalla, caiga en la razón de que, para ganar, la mayoría de las veces lo que hacer es acercarte y pasar, no mantenerte a dos segundos para guardar neumáticos.

FELIZ MIÉRCOLES DE RESACA

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